ArqueoLine s.l.En primer termino, en cualquier obra en la que sea susceptible de localizar restos y/o yacimientos se empieza realizando un rutinario seguimiento arqueológico preventivo de los terrenos afectados con el objetivo de detectar la posible presencia tanto de restos diversos, como puedan ser objetos líticos, faunísticos o cerámicos, como de estructuras que puedan evidenciar la existencia de yacimientos.

En el caso que estos elementos no sean localizados, el control arqueológico se daría por finalizado. Por otro lado, en caso de que aparezcan, la metodologia a utilizaren el trabajo de campo, por ejemplo un yacimiento paleolítico, vendría determinada por el objetivo fundamental de la intervención arqueológica: el conocimiento sistémico de las comunidades humanas que ocuparon los diferente enclaves.

Es decir, su actividad económica, sus estructuras sociales, la forma en la cual ocupavan y estructuraban el espacio, así como sus canvios a nivel diacrónico. Desde este punto de partida, la perspectiva diacrónica es tan importante como la sincrónica, en la cual se busca reconstruir la relaciones a nivel horizontal de objetos, definiendo, cuando esto es posible, la existencia de suelos de ocupación. De esta forma se establecen niveles arqueológicos a partir de la dinámica sedimentaria y de los impactos ocupacionales identificados.
Este objetivo fundamental se traduce, por lo que a métodos y técnicas de trabajo de campo utilizamos en el caso que la obra afecte a un yacimiento, en dos direcciones principales:
En primer lugar, la necesidad de conocer las relaciones que se establecen con los objetoshace imprescindible registrar el sitio exacto en el cual cada uno de ellos ha aparecido. Esto se realiza mediante un sistema de coordenadas cartesianas, que estructuran el espacio a excavar en cuadriculas.
Cada una de estas cuadriculas, de un metro de lado, configura un espacio definido por dos ejes (X y Y), en relación a los cuales se sitúan cada uno de los objetos. Para completar los datos referentes a la posición del objeto en el espacio, se toma también la profundidad (Z) a la que se encuentra respecto a un punto 0 teórico.

Los datos recogidos durante el trabajo de campo se registran en una hoja de excavación. Esta hoja está encabezada por los siguientes datos: nombre del yacimiento, conjunto estratigráfico, nivel, cuadrícula, fecha de la intervención y nombre de los excavadores. A más de la X, la Y y la Z, en esta hoja se registran: el número del objeto, sus principales características (material, categoría y unidad taxonómica), la orientación y la pendiente a la que se encontraba, las medidas (largo, ancho y grueso) y las observaciones que se crean convenientes.
La hoja de campo dispone también de unos apartados que permiten conocer en que fase del proceso básico de documentación se encuentra cada objeto. Se controlan básicamente tres momentos: La entrada al laboratorio (r), la informatización de sus datos de campo (i), y la digitalización del dibujo (d) que ha sido preso en una hoja de campo específica en su momento.
En segundo lugar, esta visión sincrónica de los procesos de ocupación no se puede asumir en que una intervención se limite a una parte del yacimiento, no teniendo en cuenta la variabilidad horizontal del registro arqueológico y la diferenciación funcional de los espacios prehistóricos.
Es por esto que cuando se trata de yacimiento de alta resolución se plantea la realización de excavaciones en extensión, que toman en consideración la práctica totalidad del espacio ocupado por antiguos humanos. El sedimiento procedente de la excavación es filtrado con agua de forma sistemática, con filtros de 0.5, 2 y 5 mm., y se aplica la técnica de flotación en los casos que se conserven restos vegetales.

Los objetos procedentes de la excavación son limpiados (con cuidado de no afectar alas posibles trazas de uso o resto biológicos) y siglados, con la identificación del yacimiento, año de excavación, conjunto, nivel, cuadrícula y número de pieza.

Cada uno de los objetos coordenados son conservados en una bolsa individual, con una etiqueta en la cual figura la sigla de la pieza. Además, se procede se procede a la informatización de los datos registrados en las hojas de excavación, mediante bases de datos que permitan el tratamiento posterior de la información, ya sea su representación espacial, o bien su análisis estadístico.
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